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martes, 27 de diciembre de 2016

Cuidemos a Morrissey

El día que se murió David Bowie -10 de enero-, era de los primeros días de clases tras las vacaciones de Navidad y yo estaba en la playa. Ese día me tocaba regresar a la ciudad y solo por eso ya estaba un poco triste. A veces me cuestan más los regresos que las idas. Cuando leí la noticia en Facebook (horrible forma de enterarse, por cierto), solo pude pensar en lo que se sentiría regresar a mi casa y ver el póster de Bowie en la pared de mi cuarto, sabiendo que él ya se había ido.
Con Bowie siempre me he identificado mucho. No estoy diciendo que sea una alienígena andrógina (enfatizo: no lo soy), pero hay algo en querer estar en constante cambio que me gusta. Él tiene canciones densas como Space Oddity pero también tiene Let's Dance que, bueno, el título dice todo. Él creaba personajes y se convertía en ellos, pero sin dejar de ser David Bowie. Me identifico en eso, en no querer ser predecible, un retrato. Y como plus, un amigo dice que tengo una pupila mucho más grande que la otra.

En 2011, cuando mi mamá me dijo que Amy Winehouse se había muerto, me dio un escalofrío. Acababa de despertar y justo esa noche me había dormido escuchando Back to Black y pensando "sí creo que es lo mejor que hay en la música actualmente".

Cuando se murió Michael Jackson, esto en 2010, acababa de regresar de una dulcería a la que después no pude regresar por miedo a que se muriera alguien.

En 2014, la tarde en la que se anunció la muerte de Robin Williams lloré bastantito. Pasó algo similar que con Amy, esa mañana había hablado con Minah y estábamos diciendo quiénes eran nuestros actores favoritos. Salió su nombre, obviamente. Nos marcó la infancia a muchísimos, y saber que el actor de la eterna sonrisa acababa de cometer suicidio se sintió como una patada.

La muerte de Leonard Cohen fue extraña. Él tenía 82 años y sabía que se iba a morir pronto. Dijo en una entrevista "estoy preparado para morir". Solo pensé "qué darks anda el Leonard". Pero en efecto, era en serio. Semanas después salió la noticia. Fue la misma semana en la que Trump ganó las elecciones, y los que son cercanos a mí (o los que me siguen en twitter) saben que eso fue traumante para mí. No fueron mis mejores días. Escuché su último single You Want It Darker. Ya había esuchado la canción, me gustaba. Pero esta vez se escuchó diferente, hay una línea que dice "I'm ready, my lord" que cobró un sentido totalmente nuevo. No la volví a escuchar.

Cuando se murió Alan Rickman yo iba saliendo del baño de la escuela y un compañero me dijo "oye que se murió Snape". Le di una bofetada por habérmelo dicho así nada más.

La de JuanGa también fue inesperada. No soy muy fan (siempre he preferido por mucho a José José) pero todos me preguntaron "¿cómo está Minah?" y le mandaron condolencias. Ella, mi mejor amiga, es el tipo de persona que te obliga a ver "¿Qué le dijiste a Dios?" en Netflix y que se la vive cantando El Noa Noa a todo pulmón. Creo que le llovieron condolencias.

Y George Michael. Mi amor hacia él empezó como un grandísimo guilty pleasure. Iba en primero de secundaria. ¿Cómo a la niña fan de Metallica le iba a gustar alguien que canta sobre tener fe mientras baila con su guitarra? Fue inevitable. Era guapo, tenía la sonrisa más contagiosa que había visto y era, para mí, el rey del pop. Que se haya muerto en Navidad cuando él tiene una canción llamada Last Christmas no podía ser real. Tenía 53 y estaba trabajando en música nueva. De todas las muertes de famosos ha sido la peor para mí. Le mandé un mensaje a mi mejor amiga "¿por qué alguien de 53 años que tenía vida por delante y hacía feliz a tanta gente y no un republicano de 70 años que solo genera odio?" (nótese que sigo sin superar el trauma de Trump).  La muerte de George Michael no solo me dio tristeza, sino enojo. Sentí que me acababan de arrebatar algo muy valioso.
Creo que él no la tuvo muy fácil; ser una estrella pop abiertamente gay en los 80's era impensable. La prensa inglesa creó una imagen monstruosa de él, incluso he leído muchos encabezados como "Muere George Michael, estrella de pop famosa por sus escándalos sexuales" (really?). Pero para varios, él era más que eso. Mucho más. No creo que en el cielo se convierta en un ángel porque él ya lo era.







Leí a una chica en Twitter diciendo que a esta generación nos va a tocar ver morir a todos los grandes de la música y del cine. Y tiene toda la razón, aunque el proceso no va a ser agradable. ¿Se imaginan un mundo en el que ya no haya Beatles ni Rolling Stones? ¿Donde Al Pacino y Robert DeNiro sean recordados como leyendas del cine muy, muy lejanas? No quiero que pase. Es bonito pensar que tuvieron buenas y largas vidas. Que vivirán por siempre en su arte. Sin embargo eso no le quita lo triste a su partida.

Hace como un año fui a El Péndulo de la Condesa y vi que un chico le enseñó a otro un libro de Morrissey, a lo que él contestó "wey, me cae que Morrissey se va a morir pronto". No lo decía con mala intención, no le estaba deseando la muerte. Por esas fechas acababan de salir noticias sobre el mal estado de salud en el que estaba. De la vida personal de Morrissey no se sabe mucho, o más bien dicho, nada. A veces mi mamá me pregunta "¿y cómo sigue Morrissey?" como si fuera una especie de amigo mío. Y no sé. Pero se me revuelve el estómago solo de pensar que el chico de la libería pueda tener razón. "¿Por qué les importa tanto la muerte de famosos que ni conocen?", he visto que mucha gente pregunta en Twitter. En efecto, no los conocemos como personas. Pero representan momentos, emociones, cosas que nos marcaron y nos acompañaron a lo largo de nuestras vidas. Creo que puedo responder mejor a esa pregunta con unas líneas de una canción de The Smiths:

"The passing of time
And all of its sickening crimes
Is making me sad again.
But don't forget the songs
That made you cry
And the songs that saved your life"

Por eso no me queda decir más que: por favor, cuidemos mucho a Morrissey. 

1 comentario:

  1. Morrissey aún no se puede morir, por ahí lei que ya esta grabando nuevo disco.
    Moz me ha iluminado la visa y, aunque suene muy usado, le dio un soundtrack a mi vida que ni tenia sentido y por eso creo que cada cosa que pasa en mi vida pienso en una canción que él escribió.

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