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viernes, 30 de diciembre de 2016

El día que conocí a Juan Villoro

"¿Por qué todos conocen a Juan Villoro menos yo?" solía decir, refiriéndome a un par de personas como "todos".

No es ningún secreto que amo a Juan Villoro y lo admiro como a muy pocas personas. Escribe de forma que incluso las cosas más simples y cotidianas se vuelven increíblemente bellas. Quisiera escribir como él, a veces lo intento pero inevitablemente fracaso.  Sin embargo, desde que empecé a leerlo siento que veo las cosas diferentes. Es difícil de explicar, mejor ya no me enredo tratando de hacerlo.
A él con orgullo le puedo dar el título de mi ídolo.

Un día, en la feria del libro de la escuela, estaba hablando de él con algunos compañeros.  Soy una verdadera fangirl. "Él es posiblemente la única persona famosa a la que me gustaría conocer en persona. Quisiera simplemente agradecerle por todo".

Al día siguiente fui con mi familia a ver Spectre. Era sábado en la tarde y el cine estaba lleno. Después de la súper secuencia de acción que fue filmada en México, fui al baño rápido. Cuando iba de regreso a mi sala, una horda de gente se dirigía a la sala anterior a la mía. No sé por qué, pero iba acordándome de algo que había leído de Juan Villoro. De hecho, debo confesar que tengo la manía de relacionar mucho las cosas que me pasan con sus relatos. Es como mi papá con Seinfeld. Ante cualquier situación dice "ah, es como en ese capítulo de Seinfeld donde...". Bueno, así soy con Villoro. "Como cuando Juani escribió que..." es de mis frases más usadas. Y sí, en mi casa nos referimos a Villoro como Juani.
Entonces iba caminando, pensando en esto, y vi que entre todas las personas había un hombre altísimo que me parecía conocido. "¿Será?" pensé. No, no era posible. Sería demasiada coincidencia.
El hombre se dio la vuelta y me vio de reojo por un momento. Era él. Mi corazón latió tan fuerte y tan rápido que sentí que hasta él lo podría escuchar. Entró a la sala y sin pensarlo, corrí tras él. "¿Su boleto?" me preguntó una señorita en la puerta, a la cual ignoré olímpicamente. Cuando me di cuenta, él ya estaba en su asiento, del otro lado de la sala. La señorita me veía impaciente y dudé de qué hacer. No llevaba conmigo ni una libreta, ni una pluma, ni mi celular. Traté de pensar en una forma no-vergonzosa de acercarme a él sin decirle "hola, me colé a esta sala porque te vengo siguiendo porque quiero decirte que te amo". No lo conseguí. "Perdón, me confundí", le dije a la señorita y regresé a mi sala con un nudo en la garganta.

Ya no supe de qué se trató Spectre. Pasé el resto de la película lamentándome como la buena drama-queen que soy.

Unos meses después estaba en ese mismo centro comercial. En lo que hacíamos fila para pagar el estacionamiento, lo vi otra vez. "¿Cómo? ¿Qué? Esto no está pasando". Le dije a mi hermano y solo me dijo "¡pues vas!". Me negué. "Es como si yo me encontrara a Kaepernick" continuó "tienes que ir". Como seguí negándome, él le dijo a mi mamá y ella me dijo que si no iba, ella me arrastraría. Hablaba muy en serio.

Subimos al cine corriendo. Entré buscándolo por todas partes y nada. Se me había ido la oportunidad por segunda vez. Llegué a la conclusión de que mi vida es una sit-com donde vivo pura desventura.

Pero cuando iba saliendo...ahí estaba. Me acerqué, sonrojándome a más no poder. "Disculpe..." dije y levantó la mirada.

No sé exactamente qué le dije. Y honestamente, prefiero no acordarme, porque lo más posible es que haya sido pura estupidez. Pero él me sonreía. No fue como cuando en "Bajo la misma estrella" la protagonista conoce a su escritor favorito que realmente solo es un douchebag que escucha rap sueco. Al contrario.
Mi mamá le dijo que ya lo había visto antes en ese mismo cine. "Entonces te gusta mucho el cine" dijo, "¿qué película vas a ver?". "Ninguna", le dijo mi mamá, "te vio de lejos y vino a stalkearte". Lloré por dentro. Pero él solo se rió. Finalmente pude hacer lo que tanto insistía en querer hacer. Hice lo posible por verlo a los ojos y le dije "es que...de verdad no tiene idea de cuánto lo admiro".

Balbucee como alguien que a penas sabe hablar y sonrojé hasta parecer una tootsie pop. No me hubiera extrañado que él pensara que tengo alguna especie de problema lingüístico o de comunicación. Posiblemente hice el oso de mi vida. Siempre creí que al conocerlo diría algo inteligente y no mis largos "eh-eh-eh s-s-s-e-e-e-ñor Vi-vi-vi-villoro...". Sin embargo, si algún día hago algo lo suficientemente relevante como para escribir mi autobiografía, no olvidaré mencionar el día en el que conocí a mi escritor favorito que, además, ya se ha vuelto una parte importante de mí.

Me tomé una foto con él. Tuve que pararme de puntitas y, aún así, era diminuta a su lado. "Eres tan alto..." también le dije. Me cuesta trabajo sonreír en las fotos, pero en esa tengo una sonrisa enorme y los ojos completamente iluminados de la emoción.

-Oye, ¿y ya sabes qué vas a estudiar o qué quieres hacer?
-Quisiera ser escritora...
-¿En serio? Entonces ya nos veremos. Serás una futura colega.

En el coche, de regreso a casa, no podía dejar de reír de pura felicidad. "¡MAMÁ! ¡Huelo a la loción de Juan Villoro!" gritaba mientras le mandaba notas de voz gritando a todos mis amigos.

Hay veces en las que leo las cosas que escribo y me dan ganas de quemarlas y rendirme. He llegado a romper en pedacitos cuentos que tardé semanas en escribir. Hay días en los cuales dudo de mí misma, como cualquier persona. La pregunta "¿y si no soy tan buena en esto como creo serlo?" pasa por mi mente muchísimas más veces de las que me atrevo a decir. Pero cuando eso pasa, me acuerdo de ese día. 



"Quedé con Juan Villoro que seré su colega algún día. Ahora lo cumplo."

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