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domingo, 18 de diciembre de 2016

La chilanga banda

Cuando empezó el 2016 nadie sabía que iba a ser tan malo. Ni Nostradamus. Ni Monhi Vidente. Con los años he desarrollado toda una filosofía sobre los propósitos de año nuevo, en resumen: si realmente quieres hacer algo no deberías de ponerle una fecha para empezar. Pero al mismo tiempo, ¿no son esos propósitos el chispazo de optimismo que todos necesitamos de vez en cuando? 
Como ya estoy resignada a no cumplir con hacer ejercicio y mejorar promedio, dije "lo que realmente quiero hacer este año es escuchar música en vivo". Aunque ya tenía boletos comprados para un par de conciertos y estaba ahorrando para cuando algunas de mis bandas favoritas anunciaran gira, hablando con Andy decidimos cumplir juntas el propósito de ver a una banda en específico: Café Tacvba. Las razones por las cuales esa banda significa tanto para nosotras son tantas que me tomarían otra entrada del blog que posiblemente nadie leería. Así que en pocas palabras: es la banda que nos ha acompañado a lo largo de la prepa. 
2016 empezó a hacer de las suyas con la muerte de Bowie. Después Prince, JuanGa, Leonard Cohen, Alan Rickman y vamos, hasta Lalo Tex se murió. Pero además de las muertes en la música, pasaron muchas otras cosas a nivel nacional, mundial y también personal. La mitad del 2016 me la pasé llorando y la otra mitad comprando kléenex. Y además de todo esto, pasaban los meses y los estúpidos de Café Tacvba no daban señales de vida. 
No fue sino hasta principios de diciembre que abrí mi Facebook y me topé con una nota de la revista Chilango anunciando un concierto benéfico de Café Tacvba en el Lunario del Auditorio Nacional. Un minuto después Andy me estaba hablando por teléfono y dos minutos después ya teníamos los boletos. El concierto caía en lunes, justo después de un fin de semana pesado por el curso que estamos tomando y, además, en la semana de exámenes. Sabíamos el sacrificio que era ir, pero nunca dudamos de si era buena idea o no. "¿Después de todo lo que ha pasado este año? Perdón, nos lo merecemos", dijo Andy y con eso no volví a preocuparme por los exámenes o el curso.

Llegamos temprano, a penas comenzaba a anochecer y hacía frío. Yo estaba más nerviosa que feliz. Me ha tocado dos veces ir a conciertos que se cancelan a última hora y desde entonces tengo un trauma. Pero estando en la fila, a Andy le pareció haber visto a los 4; Rubén, Quique, Meme y Joselo pasando en una camioneta. Esto me tranquilizó, sin embargo la calma no duró mucho. Cuando por fin la fila avanzó e íbamos a entrar al Lunario me hicieron aquella pregunta que a todos nos da cierto miedo "¿me podrías enseñar tu credencial de elector?". Es chistoso porque, en efecto, soy mayor de edad. Pero no me he tomado el tiempo de ir por mi identificación. "No, pero le juro que soy mayor de edad", dije y después pensé "eso es justo lo que diría alguien que no es mayor de edad". La señorita me vio avergonzada, como a punto de no dejarme entrar. "Cumplí el 14 de noviembre. Lo juro. De hecho hice una fiesta en mi casa. Mire, ella fue. Estuvo muy buena y..." creo que con eso la ataranté y por eso me dejó entrar. Andy no tuvo tanta suerte y peor aún, ella aún tiene 17. Le preguntaron que con quién iba, y como yo tampoco tenía identificación, nos retuvieron afuera un buen rato. Le pedí a mis papás que me mandaran una foto de mi pasaporte y con eso los dos guardias se calmaron un poco. Pero ni Andy ni yo sabíamos qué hacer para que ella pasara. Me mandaron la foto, pero justo antes de enseñárselas, nos dejaron pasar. Era 12 de diciembre y estoy casi segura que fue un milagro Guadalupano.
A pesar de que perdimos mucho tiempo afuera, nos tocó a muy pocos metros (¿5 tal vez?) del escenario. Poco a poco el Lunario se empezó a llenar y dos jirafas humanas se pararon en frente de Andy y yo -que no llegamos ni a 1.60 m-. Quien presentó a Café Tacvba fue Toño Esquinca (y no, no llevaba a la muchedumbre) y luces de colores iluminaron el escenario. La banda entró con "El Baile y el Salón". A penas pusieron pie en el escenario y las jirafas humanas se quitaron de en frente (¡otro milagro Guadalupano!). Todos coreamos el famoso "paparupapaeueeeeoooo" mientras que Rubén, Meme, Quique y Joselo tocaban con unos trajes plateados semi-intergalácticos. Entré en la fase "oh por Dios no puedo creer que son reales y no un producto de mi imaginación". Porque en efecto, son reales, y estaban tan cerca de nosotros que era intimidante. Joselo, que además de ser un gran músico es de mis escritores actuales favoritos, estaba justo frente a mí. Cuando terminó la canción Rubén tomó el micrófono y nos dijo entre risas "oigan, como que les hace falta stamina. ¿Cuántos años llevan escuchando la canción? Cantan Paparupapaeueeeeo, cuando es PaparupapaEUEEEEEOOO". El público, también muerto de risa coreó nuevamente esa parte de la canción, pero corregida. "El problema es", nos dijo sonriente, "que el momento ya pasó chavos". 
Siguió Cómo te extraño, que es un cover de la horrenda canción de Leo Dan (que cantada por ellos suena bien bonita). Después Las Flores, que es la favorita de Andy. Bailamos y cantamos tanto que para el final esa canción ya no teníamos voz. Después vino Olita de Altamar, donde Quique cambió su contrabajo por un ukelele y fue de lo mejor de la noche. 
Rubén hablaba entre las canciones, pero no hablaba como estrella de rock, sino como un amigo. Se echó tanto frases estilo "chicos no coman Maruchan" hasta discursos sociales sobre la situación en el país. Después de uno de éstos dijo "¡ya chole chango chilango!" y todos gritamos de emoción al saber lo que venía después. Andy y yo siempre hemos estado orgullosas de sabernos toda la letra de "Chilanga Banda"; lo consideramos algo digno de poner en un currículum. Pero alrededor de nosotras había otras 600 personas que se sabían la letra como si ellos la hubieran escrito. 
La bailada se puso intensa. En La Chica Banda terminé de desgarrarme las pocas cuerdas vocales sanas que me quedaban. En El Fin de la Infancia usaron unos trajes fosforescentes de charros que también tenían pinta intergaláctica. 
Mis momentos favoritos fueron dos: Rubén habló sobre perder seres queridos y esto dio inicio a Déjate Caer, canción original del grupo chileno Los Tres. Aunque la letra habla sobre suicidio, esta vez se sintió diferente, como si le rindiera tributo a la vida misma. Luces verdes parpadeaban acompañando al bajo, cuyo sonido hacía el piso vibrar bajo nuestros pies. En la última parte de la canción los cuatro se pararon al borde del escenario y bailaron como en el video musical de la canción. Lo mejor de todo esto fue ver que ellos, al igual que nosotros, se la estaban pasando realmente bien.
Mi segundo momento favorito fue El puñal y el corazón, donde bailé de forma que me la pasé pisando al pobre señor que estaba junto a mí. Dudo mucho que ese señor algún día lea esto pero: lo siento. 
Cerraron con Eres, donde Andy, yo, y una chica de atrás nos pusimos de acuerdo para gritar "¡Te amo Meme!" en los momentos de silencio (y estoy segura de que nos escuchó), y con Quiero Ver. 

Como es la primera entrada de mi blog -que ojalá me dure-, dejaré las moralejas de esta historia que realmente no entra en la categoría de desventura como dice el título de la página:
1. Si son chaparros no salgan sin identificación.
2. Los milagros Guadalupanos existen.
3. Lo más importante: está bien ser irresponsable si se trata de Café Tacvba. (¿Qué, esperaban una reflexión cursi?). 

Fue un concierto corto y los ingratos no tocaron La Ingrata, pero los perdonamos. Sin embargo fue de esos conciertos en los que cuando sales sientes que caminas sobre las nubes y que todo, absolutamente todo, está bien. Aunque sea por un ratito. Al día siguiente llegamos en estado zombie a la escuela (por cierto, compañeros de área IV, perdón por el humor que traía ese día), pero definitivamente valió la pena.
Estar ahí gritando "¡Te amo Meme!" "¡Te amo Joselo!" "¡Te amo Quique!" (a Rubén no le grité porque es muy mainstream), viéndolos bailar y pasársela bien y escuchando mis canciones favoritas en vivo fue la forma perfecta de cerrar el año. Entonces, si experiencias tan increíbles pueden pasar en un año tan feo, imagínense en uno bueno. O más bien dicho, todos los años, por más horribles que sean, por más Lalos Tex que se mueran, van a tener momentos donde todo está bien. 

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