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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Santa no es real


Uno creería que los niños de primero, segundo y tercero de primaria son los que más espíritu navideño tienen, que son los más ilusos e inocentes. No realmente.
Para la venta, pensamos en que alguien se disfrazara de Santa para que los niños se tomaran fotos con él y pudiéramos cobrar por ellas. Era, en nuestra opinión, una gran idea. (Léase con voz de Trump) WRONG.
Yo iba con mi cámara colgando, lista para tomar las fotos. Garzón estaba vestido de Santa con un traje rojo, una barba blanca falsa, una peluca y un gorro. Se veía bastante creíble, a decir verdad. Cuando cruzamos la calle para entrar a la primaria, todo iba bien. En el patio algunos niños que lo vieron de lejos lo saludaron mientras gritaban "¡Santa!". Pensé "bueno, esto va a ser fácil".
Un niño de unos seis años se acercó para tomarse una foto, era el primero en pasar. Se sentó en las piernas de Santa y sonrió con toda la alegría del mundo. "¿En serio lo está haciendo?", escuché que le dijo una niña a otra. Cuando la voltee a ver vi que tenía la misma edad, y traía una expresión de disgusto, "¡qué ridículo!" remató, esto lo dijo lo suficientemente fuerte para que el niño de la foto la escuchara. Se me hizo chistoso, pero nada más.
Los niños no estaban el colmo de lo entusiasmados. Se puede decir que todos nos empezamos a aburrir. Caminando por primaria, íbamos anunciando las fotos con el propósito de que más niños se acercaran, pero la respuesta era poca o nula.  Le pedí a Andrés, que es actor, que me ayudara. Inmediatamente se acercó un grupito.
Un niño tiró de la manga de Santa "oye, si de verdad eres Santa Claus, ¿cuánto es mil más mil?". "Dos mil", respondió Garzón, pero los niños no se veían convencidos. "¿Y yo cómo me llamo?" preguntó otro, provocando que todos empezaran a gritar preguntas "¿cómo se llama mi mamá?", "¿cómo me porté este año?" "¿cuándo es mi cumpleaños?", "¿por qué se ve que tienes unos hilos arriba de la barba?", "¿dónde está el verdadero Santa?".
Yo me estaba desesperando. Suelo desesperarme fácilmente. Andrés hacía reír a los niños. Entre ellos estaba la que había gritado "¡qué ridículo!" al principio del recreo. Estaba muy enojada "¡farsante, eres un farsante!" le gritaba a Garzón. "¿Te divierte burlarte de una persona con obesidad mórbida que vino desde el Polo Norte solo por ti?" le preguntó Andrés y con esto se reían y se distraían un poco. Yo ya me quería ir. Para mi mala fortuna, llegaron más y más niños. Todos convencidos de que no éramos nada más y nada menos que unos farsantes que querían sacarles dinero (cosa que es cierta pero no se suponía que debían saberlo).
Por más que caminábamos, no podíamos quitárnoslos de encima. "A ver" dijo Andrés más serio "ya, la verdad, este no es Santa. Pero es un representante de Santa. El verdadero Santa los está viendo a través de sus ojos. Y se están portando muy mal. No creo que le esté gustando mucho a Santa lo que está viendo". Silencio. Creí que con eso habíamos logrado que se tranquilizaran. Empezaron a reírse a carcajadas.
"Bueno", continuó Andrés, "¿de verdad no quieren tomarse una foto aunque sea de recuerdo? ¿o una foto para sus papás? O si no quieren tomarse foto con Santa, pueden tomarse foto con su elfo albino..." y sí, el elfo albino era yo.
Optamos por hacer lo que cualquier adulto maduro haría en una situación así: salir corriendo. Y como en película de zombies, vimos que detrás de nosotros venía una estampida de niños.  "¡No es real!, ¡no es real!, ¡no es real!" empezaron a corear, obviamente liderados por la niña enojada. Era imposible contarlos. Ya no eran diez, ni veinte. "¿Y si les digo que Santa no existe y realmente son sus papás, para que se callen?" le pregunté a Garzón, "no, no seas mala onda". Me quedé con las ganas de serlo. Los niños seguían gritando y juntándose. "¡No es real!, ¡no es real!, ¡no es real!".
El volumen aumentaba y los gritos retumbaban por toda la primaria. Mientras Andrés y Garzón se reían, yo solo me enojaba, porque tengo la mala costumbre de tomarme todo personal. No fue sino hasta que sonó la campana que nos libramos de ellos.
Mientras cruzábamos de regreso a prepa me quedé pensando "yo no era así, ¿o sí? Tal vez solo ven mucha tele y nada les impresiona...¿pero cómo si tienen como seis años?".

Llegamos mudos al patio de secundaria y prepa. "¿Cómo les fue?" me preguntaron Gaby y Fer. Fui honesta, "este es el peor día de mi vida".


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