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domingo, 19 de febrero de 2017

Crónica de una muerte anunciada

...o sea mi examen.
Cuenta el mito que hay una ley que dice que si un alumno muere durante un examen, todos los demás que lo están presentado sacan 10 automáticamente. Entonces, en el caso de un examen de admisión, todos los que lo presentan son aceptados en esa universidad. Cuando llegué a la escuela donde me tocó hacer mi famoso examen UNAM, me quedé un rato viendo a mis compañeros y pensando "¿alguien de aquí se va a sacrificar for the team?", pero nadie parecía tener la intención de hacerlo. La verdad dudo muchísimo que aquella leyenda sea verdad. Seguramente la inventó un maestro cruel. Pero, ¿qué tan nerviosa tenía que estar para que pasara por mi mente un sacrificio humano con tal de pasar?
Los demás aspirantes no llevaban más que un lápiz y una goma. Algunos sacapuntas y los más más más precavidos llevaban dos lápices. Bueno, yo llevaba seis. Creo que con eso se entiende lo ansiosa que estaba.
La primera pregunta era de sumar y restar. Algo como "1.32 - 4.279 -7.45 + 3.1". Fácil. Pero me quedé pasmada. Temblaba, me sudaban las manos y mi mente no se podía enfocar. "En caso de un sismo o un incendio", nos dijo la aplicadora, "guarden bien su hoja en el libro de respuestas". Yo, siendo la drama-queen habitual me puse a pensar "¿¡qué!? ¿¡o sea que esto vale más que mi vida!? ¿¡y si soy yo la que se muere para que todos pasen automáticamente!? No es justo, no quiero ser la única que no pasó".
Pasé por todas las fases que alguien pasa en un examen así. Desde el "¡está facilísimo!" hasta el "soy una inútil" pasando por el "¿¡QUÉ!?" y las risas nerviosas.
Mi enemigo más grande siempre ha sido los nervios. Esta vez no fue la excepción. Los nervios en mi vida son como Moriarty, el villano de Sherlock. Siempre están ahí, aunque me quiera convencer de que logré deshacerme de ellos. Y por ellos no hice el examen en orden sino que estuve saltando de un lado a otro, sin poder concentrarme en una pregunta a la vez. Lose Yourself de Eminem sonaba en mi cabeza "his palms are sweaty, knees weak, arms are heavy. There's vomit in his sweater already", y aunque no vomité, sí sentí algo en el estómago. No mariposas sino tiburones como los de Sharknado. Y ya no voy a dar detalles de esto porque a nadie le gusta leer sobre los males gástricos ajenos.
Antes de hacer mi examen me puse a pensar que, pase o no, por fin voy a tener tiempo para no hacer nada. Para tener el valemadrismo que tanto extraño. Si sí paso, no tengo que preocuparme hasta agosto. Si no paso, bueno, en mayo lo vuelvo a hacer, pero al menos tengo un mes de tranquilidad. El otro día mi hermano terminó su periodo de exámenes -va en secundaria- y mi papá le preguntó "¿estás feliz porque ya vas a poder jugar videojuegos en las tardes?" a lo que él contestó "yo ya jugaba videojuegos en las tardes. Solo que ahora lo voy a hacer sin culpa". Lo mismo conmigo. He de confesar que una de mis principales motivaciones para estudiar era pensar en las grandes fiestas que vamos a hacer cuando acabe todo esto. Pensar en que ya podré ver Better Call Saul e ir al gym sin tratar de convencerme a mí misma en que haré ejercicio rápido para después llegar a mi casa a estudiar (ja, ja, claro).

Vivo en una colonia que siempre está tan vacía que te puedes tomar selfies a media calle (no es que lo haya hecho, ¿verdad?) y en las noches parece un pueblo fantasma tipo Comala, de Pedro Páramo. Hoy no se podía caminar entre esa multitud de personas que llevaban con una mano su pase para hacer examen y con la otra un esquite. Creo que eso es lo que me da miedo. No los esquites, sino lo masivo. El perderme entre tanta gente y el saber que tengo tanta competencia.
Soñé hace poco que me decía a mí misma "viene un gran tsunami y no sé nadar ni siquiera metafóricamente". Andy me dijo que lo analizara. Era obvia la metáfora. Entonces Azpil me dijo "¿pero cómo? ¡Tú eres Michael Phelps!".

...Y la verdad es que no sé nadar muy bien. Digo, si me caigo al mar sí sobrevivo, pero nadar no es una de mis fortalezas. Me da un poco de miedo. Lo que sí me gusta son los deportes de combate. Por alguna extraña razón he tenido últimamente los nudillos de una mano llenos de cortadas y moretones. Creo que es por no ponerme crema, pero me gusta pensar que es porque le di en la madre a esos nervios. O al menos lo intenté.

1 comentario:

  1. Mother Russia has your back and so do I. Next, a poem for little Rosas:

    Ojos verdes, no compro lo que vendes.
    Tu piel blanca es como una página,
    Los versos que escribes me sorprenden.
    Y a veces entre sueños siento que me imagina,
    Como en el páramo de una noche fría,
    Una niña de cabello luminoso que no tiene sonrisa.
    Me doy cuenta de que no es real
    que más allá de un sueño, fue un despertar,
    Y busco por muchos días sin encontrar
    a aquellos ojos verdes que tratan de volar,
    Y al poderla ver, me doy cuenta que esto es verdad,
    porque en un día de escuela sus labios se curvan,
    su dentadura como silueta incompleta de la luna
    Tiene una calidez, tono, y forma, sin igual.

    (Qué bueno que mencionaste lo de las fiestas porque me urge, y no juzgues mi poema porque lo hice al unísono con mi TMI)

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