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viernes, 17 de marzo de 2017

Crónica de una influenza (o #PrayForMariana)

Hace dos años el mundo sufría una epidemia de ébola y, por alguna extraña razón, mis compañeros y yo jurábamos que nos daría a nosotros y moriríamos. Me parece que dicha enfermedad ni siquiera llegó a México. Después tuvimos la misma histeria pero por el zika, y así sucesivamente. Pero es que somos la generación de los niños que vivieron la paranoia de la influenza en 2009. Somos los niños que regañan a la gente que tose en su mano y no en su antebrazo y que le rinden culto al gel antibacterial (bueno, creo que eso último solo yo).
En ese entonces, 2009, la influenza era vista como si fuera la mismísima peste bubónica. Recuerdo que iba en primaria y estábamos haciendo la prueba ENLACE (me dio escalofríos solo de escribir ese nombre) que duraba dos días. Después del primer día terminé agotada. A la mañana siguiente desperté y me di cuenta que ya se me había hecho tarde para ir a la escuela. Entonces mi mamá entró a mi cuarto para decirme que las clases se iban a suspender por un buen rato, ya que había una epidemia de influenza. Y yo no tenía idea de qué era, pero me parecía un milagro. Perfect timing.

Estas últimas semanas fueron muy pesadas; examen de admisión, Shakespeare Contest, periodo de exámenes. Todo esto mezclado con otros días que, si bien no son extraordinarios, definitivamente rebasan lo cotidiano; nuestras ventas, la kermés que hubo en la escuela, grabar un cortometraje, nuestros practicals, es decir, tener que dar clases en primaria, el TMI, etc. Si alguien que me lee no sabe qué es un TMI, lo envidio. En fin.

Lo que habría correspondido después del último examen, cuando los días pesados oficialmente habían terminado, era descansar. Cosa que no hicimos porque preferimos irnos de antro como los buenos adultos responsables que somos. Eso de que los jóvenes nos creemos invencibles es cierto. Evidentemente no lo somos, me di cuenta hasta el lunes. Fui a la escuela y me preguntaron "¿estás cansada?", "¿a qué hora te dormiste?" y "¿estás bien?" más veces de las que me gustaría admitir. Especialmente porque esas preguntas casi siempre son sinónimo de te ves horrible.

Si no me equivoco, tengo influenza desde ese viernes que preferí, en lugar de descansar, ir a un bar donde ponen a Timbiriche. Me es difícil pensar que estoy enferma de algo por lo que todos estuvimos histéricos y usamos horrendos tapabocas tanto tiempo. Y lo más difícil de creer es que no, no es como la peste bubónica. Aunque hubo momentos donde estuve nadando entre kléenex, no es la gripe monstruosa y mutante que me imaginaba hace unos años.

Solo he faltado a clases cuatro días, pero han sido los suficientes para hacerme ver que yo sin ir a la escuela no vivo. Irónico, considerando que soy la típica niña que siempre se queja del sistema. La influenza ya no se siente un milagro como en 2009 y mis ausencias a clases ya no se sienten como fueron en esa ocasión, vacaciones caídas del cielo. Quiero regresar a la normalidad. Me asusta ver cómo la vida cotidiana sigue funcionando sin ti. El otro día tuve uno de mis momentos de pesimismo y me puse a pensar en eso, en que las cosas siguen pasando aún si yo no estoy ahí, y van a seguir pasando.

Cuando salió positivo en la prueba de influenza, mi mamá me dijo "....bueno, contigo nada es aburrido". Según ella, siempre estoy al borde de entrar en una situación. El lunes, es decir, en tres días, es el viaje de la escuela. Si no mejoro, no voy. Y si no voy, tendré que ir a clases sola. Sola. So-la. S-o-l-a. ¡SOLA!
...Pero además de quedarme en la escuela sola, me da miedo faltar al viaje porque implica no formar parte de algo divertido que todos van a recordar por el resto de sus vidas. Los viajes de la escuela son mágicos. La idea de que mis amigos estén nadando en los cenotes yucatecos mientras yo leo artículos sobre Corea del Norte me revuelve el estómago.

Haberme enfermado antes del viaje es lo mismo que cuando se suspendieron las clases durante ENLACE, solo que a la inversa. Es el mismo perfect timing, casi 10 años después.


Ya le dije a mis amigos que prendieran sus velitas por mí y que vuelvan #PrayForMariana TrendingTopic mundial. 'Ora sí necesito un milagro.

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