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martes, 11 de abril de 2017

Como Bowie y Jagger

Tal vez debería empezar esto con una frase sobre la amistad que Kurt Cobain nunca dijo. Pero eso aplicaría para una amistad convencional, de las que se comparten en Facebook artículos de Buzzfeed titulados "20 cosas que solo tu mejor amiga y tú entienden" con un comentario que dice "¡omg, somos nosotras!". En lugar de eso narraré nuestra historia al estilo John Green.

La primera vez que escuché "Light my fire" The Doors iba en quinto de primaria. No tardaron en convertirse en mi mundo, junto con los Beatles, los Stones, Led Zeppelin y muchísimas otras bandas. Jim Morrison era para mí lo que Justin Bieber era para la mayoría de las niñas de la edad. La música "de viejitos", como decían las personas que me rodeaban, fue mi entrada a una nueva etapa de mi vida, los terribles teens. Faltaba poco para que me saliera de la escuela en la que había estado toda la vida para entrar a secundaria, donde conocería gente nueva y, por ello, moría de miedo.

A los 12 lo que más importa al conocer a alguien es la música. Da igual su opinión sobre la pena de muerte, si prefiere las barritas de fresa a las de piña o si le va al PRI (bueno...eso importa, pero más adelante). Cuando entré a la nueva escuela, soñaba con conocer a alguien con quien pudiera compartir mis obsesiones. Pero no creía que fuera posible en un lugar fresa, como me parecía en ese entonces. Finalmente llegó el día, hubo un curso de introducción donde había que pasar al frente, decir nuestro nombre y algo que nos gustara. "Soy Mariana y me gusta la música...rock...como los Doors y así...". No recuerdo exactamente qué dije, pero recuerdo que fui abrazada por una niña aleatoria.

Fue la misma sensación que al oír Light my Fire por primera vez; algo en mi vida estaba a punto de cambiar. La niña que me había abrazado era Minah. La que tiene que deletrear su nombre catorce veces para que lo escriban bien. La de ojos verdes tan brillantes como ella. La que llora con Grey's Anatomy y lee a Chejov. La que tiene una presencia tan luminosa que es imposible que pase desapercibida. La Jennifer Aniston enamorada de Adrien Brody. La persona más talentosa que he conocido. Y mi soulmate.

Minah, como no quiero escribir la carta genérica que le escribo a la gente en su cumpleaños, prefiero recordar algunas cosas. Una mínima fracción de todo lo que hemos vivido:

La vez en la que vimos Fight Club y me la tuviste que explicar porque entendí la mitad. Cuando hubo una fiesta en la que invitaron a todos menos a ti, a Andy y a mí e hicimos nuestra propia fiesta en un uber. La maestra sustituta de matemáticas que nos aborrecía porque jugábamos con unos títeres de llamas en su clase, tanto que cuando volvió al año siguiente por un par de días, se acordaba perfecto de nuestros nombres. Cuando quisimos escribir nuestra propia novela estilo John Green y la llamamos "El paraguas transparente". Ese Halloween en el que fuimos Alex DeLarge y Mia Wallace, donde terminamos bailando el solo de órgano completo de "Light my fire", la canción que nos había unido años atrás. El profesor de preparatoria del cuál estábamos enamoradas en tercero secundaria y que siempre que pasaba nos reíamos o se sentía un silencio inhumanamente incómodo, y que cuando por fin cruzaba la puerta gritábamos como señora en concierto de Luis Miguel. Las pizzas en Coyoacán. O las veces en las que se nos acercaban personas a vendernos cosas, hacernos trucos de magia o rapearnos, y nuestros nombres falsos para cuando intentaban platicar con nosotras; tú Sandra, yo Sonia y Andy Fernanda. Las luchas en el Moshi Moshi por alcanzar los platos del número 18. La presentación de historia donde casi nos matan por escribir "Causas internas de adentro" como subtítulo. Cuando hicimos un trato de no regañarnos por las metidas de pata en el amor que cometíamos todo el tiempo. Tocar "Satisfaction" de los Stones en mi guitarra mientras cantabas conmigo, posiblemente en la posada o algún convivio aburrido. Mandarnos notas de voz que rebasan los ocho minutos hablando sobre lo mal que está todo. Nuestro "maratón de cine de arte" que terminó en nosotras viendo Mini Espías 2. La lista de actores y actrices que nos podrían representar en la telenovela de nuestras vidas. Conocer perfectamente las anécdotas de los profesores de la otra, aún estando en diferentes escuelas. Las recomendaciones de películas. Discutir sobre si Mads Mikkelsen tiene boca de sobre o no. Ir a lugares extraños como al ex-convento del Carmen, solo a caminar y ver las horas pasar. Darnos buenos consejos y otros no tanto. Los abrazos. Ser las mejores (s)talkers. Chistes que ahora están pasadísimos de moda, como el "Ola K Ase" o Peter la Anguila. La vez en la que hicimos un quiz de Buzzfeed y te enojaste porque salió que si fueras un queso, sería un queso amarillo - o sea de los baratos-. Cuando un 1ro de julio de 2012 nos mandamos mensajes llorando porque Peña Nieto había ganado la presidencia, así como cuatro años y cuatro meses después hicimos lo mismo por Trump. La vez en la que no podía parar de llorar y me dijiste que escuchara "El Matador", porque aunque no me iba a ayudar a estar mejor, es un recordatorio de que al menos no estoy sorda. Hacer apuestas cuyo castigo era bailar "Candy" de Robbie Williams en pijama. Hacer guías de matemáticas en tu casa escuchando tus discos de Mecano. Burlarnos de las parejas felices y sus apodos cursis. El inexplicable miedo que nos daba cumplir 15 años. Cuando me leíste fragmentos de Simone de Beauvoir por notas de voz. La niña de preescolar que se nos quedó viendo y nos dijo "son tan bonitas" y casi nos hace llorar. La foto de Cerati en mi pared que se parece a mí cuando duermo, según tú. El poeta de Coyoacán que habla sobre el elíxir del carbón (whatever that means). Caminar por los pasillos de la escuela como John Travolta. Las maruchan, el betún de vainilla. The Rocky Horror Picture Show. Las idas al teatro. Comer sushi en las bancas del centro comercial porque no había lugar en la foodcourt. Los grupos de amigas. Los dramas en los que siempre estábamos incluidas pero en el fondo nos daban mucha risa. Steve Buscemi. Tener sueños como el de tocar guitarra y cantar en la calle juntas. Pero principalmente,  el saber que la otra siempre va a estar ahí.

Una vez en clase de Writing, nuestra favorita, llegamos a la conclusión de que éramos (y seguimos siendo) Bowie y Jagger. Tú Bowie, yo Jagger. Fue un jueves de mayo, hace seis años. Los meses posteriores decíamos "¡tres meses de amor!" o "¡medio año de amor!", como si de alguna forma, esa conversación hubiera sido un matrimonio, o un sello -una fecha oficial- de nuestra amistad. Hoy llevamos 60 meses de amor, aproximadamente. Me sigue pareciendo poco. Va a llegar un futuro en el que vamos a festejar vía holograma nuestros 780 meses de amor. Vamos a estar en nuestros 70's y ya habremos sido la actriz y la escritora que siempre quisimos ser. O no, vamos a estar concluyendo nuestro trabajo en un horrible negocio en el que pondrás coreografías para quinceañeras y yo les haré sesiones de fotos en el Ángel de la Independencia. Quién sabe.  Sin embargo, como nos dijimos el año pasado cuando el mundo parecía estarse cayendo "pase lo que pase, nosotras juntas".


Felices 19. Te quiero con el alma.

2 comentarios:

  1. Me encanta como escribes, tus historias son tan geniales que me dan ganas de tener amigos así.
    Cuando acabe de leer esto me dieron ganas de escribir algo y ahora siento que te copie un poco, espero no te moleste.

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