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sábado, 22 de abril de 2017

El día en que (no) conocí a Cuarón

Hace unas semanas Alfonso Cuarón dio una conferencia aquí, en la Ciudad de México. Él vive en Londres, pero el próximo año va a estrenar una película llamada Roma -por la colonia Roma- que ha estado filmando en la capital del país. No solo me dolió no haber ido sino el no haberme enterado hasta ese momento. Hace algunos años era la fan #1 de Alfonso y sobra decir que lloré cuando ganó su Oscar. Iñárritu también me gusta pero no tanto. Con él no me emocioné de esa forma. Lo que pasa con Alfonso es que me gusta que no se tome a sí mismo tan en serio -como es el caso de Alejandro-. Tanto sus películas como sus discursos en premiaciones me han dejado con la idea de que es una persona con un gran talento que es proporcional a su humildad y sencillez. Esa también fue la impresión que me dejó el día en el que casi lo conozco.

Iba en tercero de secundaria y el cine era mi más grande amor. El primer mexicano en ganar un Oscar se había robado mi corazón junto con otros cineastas como Giuseppe Tornatore y Quentin Tarantino.
Una tarde me topé con un anuncio de un concurso para ganar boletos para una master class con Cuarón en México llamada Possibility Sessions. Sonaba demasiado bueno para ser verdad. Ese anuncio me salió en Facebook por la página de Coca Zero. En mi vida me había gustado la coca. ¿Por qué seguía esa página? Me gustó creer en que no fue casualidad. El concurso consistía en mandarle preguntas creativas a Cuarón vía Twitter usando cierto hashtag. Era jueves y el resultado salía en lunes. En esos cuantos días solo mandé cuatro preguntas, las mejores que  pude pensar y esperé. "Si el lunes saliendo de la escuela no me llega ninguna notificación, ya valió", pensaba. No quería ilusionarme. Llegó el día y, como presentí, no me había llegado nada. Llegando a casa dormí toda la tarde y al despertar vi mi celular para encontrarme con el mensaje que nunca creí recibir. Al borde del infarto grité y me tiré media lata de Arizona encima.

Cuarón estaba a 5 metros de mí, aproximadamente. Llevaba una hoodie sobre un suéter negro, unos jeans oscuros y unos tenis estilo Justin Bieber. Sí, de esos. A pesar de las canas, se veía joven, mucho más de lo que se ve en la tele o en fotos. Cuando entró, lo primero que llamó mi atención fue que, a pesar de que mi corazón latía como cuando ves a tu héroe, él caminaba tranquilamente con las manos en los bolsillos, totalmente inconsciente de cómo era visto por mis ojos y los de un gran público que le rodeaba. De las primeras cosas que dijo fue que si, por favor, los productores podían bajar un poco la luz de los reflectores.

La gente a la que le cedían la palabra para que le hicieran preguntas, no dejaban pasar la oportunidad de decirle cosas como "Alfonso, tú eres esperanza" o "gracias. De verdad gracias por existir". Estaba visiblemente incómodo con ello. No por arrogancia sino al contrario, no daba crédito a lo que oía. Un joven se levantó "quiero que vengas a Matamoros a conocer a la gente, a saludar a los niños y que veas que hay talento...". Mi papá y yo nos moríamos de risa. "Eh...gracias...eh...sí, voy a ver si puedo...".  En eso, una de las cámaras golpeó en la cabeza a una chica. Alfonso dejó de prestar atención en lo que sea que le estuvieran preguntando. "¿Estás bien?", le preguntó. Se quedó pendiente de que lo estuviera y de que los camarógrafos tuvieran más cuidado.

Él quería hablar de cine. La gente solo tomaba el micrófono para adularlo o bien, pedirle consejos vocacionales. "Es que quiero estudiar cine pero...". Si yo hubiera hablado probablemnte hubiera caído en lo mismo. Pero a mí nunca me dieron la palabra. Esto por el simple hecho de que mido poco más de metro y medio y ni dando mis mejores brincos podía destacar entre esa multitud. Aunque en algún momento creí que él me había visto y me había sostenido la mirada. Posiblemente haya sido mi imaginación.

El presentador, Oscar Uriel, hacía preguntas cursis. "¿Qué se necesita para cumplir un sueño?", por ejemplo. "¿Cómo enfrentar las adversidades?", "¿Cómo se hace para tener éxito?".

-Alfonso, ¿cómo te gustaría ser recordado?
-Ps...bonito.

Mencionó que no soporta ver sus propias películas. Le da pena, como a mí cuando escucho mis gritos en los videos que grabo en conciertos. Eso me hizo ver lo humano que es. Sonreí con goofy heart eyes al escucharlo hablar de cuando decidió que estudiaría cine, de las películas que le conmivían de chico y de su amistad con Emmanuel Lubezki.

Saliendo del auditorio me ofrecieron una Coca y tenía tanta sed que me la tomé sin titubear. Desde entonces soy adicta. "Esos de publicidad neta sí hacen bien su trabajo", pienso cada vez que tomo una.

Después pensé en qué le hubiera preguntado en caso de que me hubieran dado el micrófono. Y es que me encantaría saber cuál es su película favorita, cómo fue lograr la escena del (SPOILER ALERT) beso entre Diego y Gael al final de "Y Tu Mamá También", cuánto se emborrachó en la noche de los Óscares o con qué actores es mejor y peor trabajar. Ergo: me gustaría irme a tomar un café con él.
Recuerdo que cuando terminó la conferencia, salí corriendo a ver si me lo encontraba. No se me hizo y, en parte, qué bueno. Necesito más tiempo para aprender a comportarme como alguien inteligente frente a la gente que admiro (para mayor información léase la entrada de cuando conocí a Juan Villoro). 


Hace dos meses más o menos se publicó una convocatoria para salir en Roma como extra. Pedían a jóvenes que no tuvieran tatuajes/piercings muy visibles o el pelo de colores llamativos, sino más bien oscuro. Como la película ocurre en los años 70, los chavos tenían que poder parecer de la época. Como vi la concocatoria en Facebook, no creí que fuera real y la ignoré. No fue sino hasta semanas después que Ken me hizo ver que era cierta y valía la pena intentarlo. Pasé mucho tiempo preocupándome por la parte que decía "pelo oscuro" porque el mío es café muy claro. Pensé en pintármelo y toda la cosa, hasta soñé que hablaba con Alfonso Cuarón y le decía "por ti me pintaría el pelo hasta de verde, Alfonso" en tono de protagonista de telenovela. Un amigo se rió de nosotros "¿sí saben que a los extras los tratan pésimo, verdad?". "Sí", contestamos Ken y yo. "¿...y que no les pagan?". Volvimos a asentir. "¿Y que no tiene valor curricular?". "SÍ, SABEMOS". Nos valía. La idea de estar en rodaje con alguien de la talla de Cuarón era nuestra fantasía perfecta. Incluso si nos gritaba. De hecho, he de confesar que una parte de mí moría por ser regañada por Alfonso (#FuertesDeclaraciones).

Al final terminamos desilusionándonos. Entre clases le marcamos por teléfono a la agencia de actores y nos dijeron "...la escena se filmó ayer".


Me acordé de la chica que le dijo "Alfonso, tú eres la esperanza" y me reí al darme cuenta de que le estaba dando la razón.

2 comentarios:

  1. A veces me gustaría saber al menos un poco de lo que tu sabes de películas.

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  2. El mundo necesita más entradas de tu blog :c

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